Mazatlán o el síndrome de Sinaloa
MAZATLÁN, LA PERLA DEL PACÍFICO, TIERRA JUNTO A LOS VENADOS, PRESIDIO SAN JUAN BAUTISTA DE MAZATLÁN, MAZATLÁN DE LOS MULATOS.
Sobredosis de belleza en Firenze, sentirse Amélie Poulain en París, volverse peregrino en Jerusalén, ser más espiritual en la India… ser blanco narco en Sinaloa. Con esta idea mental, traté de ver qué posibilidades había de cruzar el Mar de Cortes evitando Sonora y Sinaloa. El cruce más optimista era ir de La Paz a Mazatlán —sur de Sinaloa—, pero cuando averiguamos por pasajes, había disponibilidad para cruzar con niños para enero del año siguiente. Sacamos pasajes entonces para cruzar a Los Mochis, una ciudad del norte de Sinaloa. Y aunque mochi es un tipo de planta, ya el nombre me sonaba a cártel mexicano.
En el acuario de Mazatlán —el más grande de Mexico— tocamos mantarrayas y nos quedamos prendidos de los cíclidos.
Ya en Mazatlán, mientras caminamos por el malecón, vemos varios vehículos tipo jeep con asientos laterales y techo de lona, una reinvención de los camiones tropicales? Más tarde me entero que se llaman pulmonías —el nombre quedó después de una campaña de boicot por parte de los taxistas, que decían que eran vehículos peligrosos, inestables y se podía contraer pulmonía— y son un transporte público muy popular. Todos van tomando tragos, bailando y escuchando música a alto volumen —sí, el conductor también—. Al mismo tiempo, por la calle suenan bandas sinaloenses de tambora, una especie de No Smoking Band en clave latina, que se mezclan con fuegos artificiales. Todo esto un día cualquiera de semana por la tarde.