More than welcome.
1. Un vecindario en Sayulita bastante alejado del ruido de gringo town y un poco difícil de encontrar —las calles en esa zona no tenían numeración—, con niños, perros, gallinas y calles de barro.
2. Una casa literalmente en medio de una obra en construcción en La Paz (Baja California Sur), con obreros trabajando desde temprano y servicio de agua entrecortado.
3. Un edificio común y corriente con un injerto de pagoda en el techo y otras reminiscencias asiáticas bastante kitsch frente al malecón de La Paz, al cual se ingresaba por una escalera estrecha y larga pero escasa en altura al mismo tiempo —al costado de la cual vendían artículos chinos—, luego se pasaba por varios corredores escherianos para finalmente llegar a una habitación —donde ya había perdido la orientación— con una pequeñísima ventana desde la cual —oh, sorpresa!— se alcanzaba a ver el mar. Cuando realizamos check-out, el recepcionista llamó por radio a una mujer y le gritó el nº de nuestra habitación. Segundos después, ella le contestó que había revisado la habitación y estaba todo ok, que podíamos irnos (?).
4. Un alojamiento en Taxco (Guerrero) con la entrada principal bloqueada por una obra en la calle, por lo cual tuvimos que subir por una calle todavía más empinada de las habituales en ese pueblo. El día que llegamos, con la inercia de la subida nos pasamos y continuamos subiendo hasta un punto donde la calle era demasiado angosta y ya no podíamos maniobrar. Ahí tomó el volante nuestro anfitrión y dejó estacionada la van —un plus importantísimo en las complicadas calles de Taxco—, lugar del que no la movimos hasta que nos despedimos.
5. Un departamento en Oaxaca aparentemente en orden, hasta que los chicos revisando cajones empiezan a encontrar una especie de duty free en el lugar: cosméticos, lentes, cajas de iPhone, tequilas, joyas, etc. Les avisamos al dueño, que nos responde que algo suponía, que seguramente son pertenencias de los huéspedes anteriores que eran muy extraños y se fueron de manera repentina (?).
6. Un hostel solitario con una vista única en un cerro en Salina Cruz —camino a San Cristóbal de las Casas— con una onda muy surfer, terraza, hamacas, tablas, bar, mesa de pool —y alacranes enormes— pero fuera de temporada, por ende vacío y totalmente disponible para nosotros. Los chicos aprovecharon para hacerse amigos de los hijos de Doña Teo, la anfitriona del lugar.
7. Un ex-convento en Panajachel (Guatemala) alejado del downtown —o gringotenango, como dicen los locales—. Nuestra habitación se llamaba Isaías. El espacio común tenía un TV led, una mesa de ping-pong, una bicicleta fija, un crucifijo enorme y un altar a la virgen María —sí, todo eso junto—.
8. Un hostel aparentemente vacío en Guanacaste (Costa Rica) donde nos dijeron que éramos los únicos huéspedes, y de pronto nos dimos cuenta que convivimos casi una semana con un par de rusos muy extraños.
9. Una casa subdividida pero solitaria en medio de la selva en Cahuíta, donde escuchamos jazz y tomamos jugo de guayaba, ambos obsequios de nuestros vecinos, un tico y una colombiana.
10. Una habitación con mosquiteros en cada cama y techo de zinc —dato importante por las lluvias bíblicas durante la noche— en el medio de un museo etnográfico en Nicaragua, donde entre otros detalles lavaba la ropa a mano y la tendía entre los objetos en exposición.