Día 19

La ruta a Sayulita es de unas cinco horas y es simplemente hermosa, dan ganas de ir lento para demorar la llegada. Caminos angostos y sinuosos con muchas lomas, parcialmente cubiertos por la copa de grandes árboles de los que caen enredaderas floreadas como guirnaldas. Cada curva genera alguna espectativa por el paisaje a descubrir. Sayulita es un pueblo surfer de unas pocas cuadras lleno de gringos y turismo backpacker, pero puesto con muy buen gusto. Mucha artesanía, hostels, gastronomía y bares. En cuanto llegamos fuimos a la playa con Simón y Ema, Ceci y Helena se quedaron paseando. El mar es un poco más movido que el de mazatlán y la sucesión de olas rompiendo es realmente llamativa, pero no son muy grandes y los chicos las manejan con confianza. Ya de noche salimos del agua camino al departamento que habíamos alquilado.